CORTAS REFLEXIONES

Julián Sabogal Tamayo, director del nodo de la Red en Nariño

El punto de partida de las ideas de Georgescu es la crítica al pensamiento neoclásico.  Esta teoría, que es la que hoy se enseña en todos os programas de Economía del mundo, sitúa su objeto de estudio en el mercado; ignora la relación que puede existir entre la naturaleza y la producción, no entiende, o mejor no le importa, que sin esa relación no hay mercado.  La idea, entonces, es que necesitamos una ciencia económica que tenga que ver con la vida de los humanos y la vida está más allá del mercado; lo que nos mantiene vivos no es comprar sino comer y los objetos que comemos nos alimentan no por su precio sino por ser naturales o de origen natural.  Esta es una pregunta relativamente nueva, cuando se suponían infinitos los bienes naturales la pregunta no existía.

Entre los críticos de la neoclásica hay marxistas y no marxistas.  Entre estos está Georgescu, que propuso un pensamiento económico no neoclásico que se dio en llamar Bioeconomía.  Está también un economista inglés llamado Kenneth E. Boulding, que dice: “quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista”.   El que mejor puede comprender el problema, a mi modo de ver, es Carlos Marx.  Él parte de que la célula de la riqueza en el capitalismo es la mercancía y que esta tiene dos componentes: valor y valor de uso; el primero es trabajo y el segundo es naturaleza.  De esto realmente se trata la discusión, no es una discusión teórica en abstracto.

Sobre tu comprensión de pensamiento científico, me declaro no autorizado para opinar.  Me limitaré a afirmar que para Marx la ciencia se entiende de otra manera.  Marx creó una ciencia (¿es una ciencia?) que se llama “Crítica de la Economía Política”.  Su objeto de estudio es el capital (el sistema capitalista).  La ciencia que explicaba este sistema en su época era la Economía Política Clásica, Marx dice que esa ciencia se queda en la superficie del sistema, pero que detrás de esa superficie hay una esencia que él se propone descubrir.  El filósofo latinoamericano Enrique Dussel lo resume de esta manera: “En las relaciones monetarias, concebidas en su forma simple, todas las contradicciones inmanentes de la sociedad burguesa parecen (erscheinen) borradas. Esto se convierte en refugio de la democracia burguesa y más aún de los economistas burgueses. . . para hacer la apología de las relaciones económicas existentes” (La producción teórica de Marx.  Un comentario a los Grundrisse, pág. 179).  Marx sintetiza su planteamiento en esta frase: “en realidad, toda ciencia estaría de más, si la forma de manifestarse las cosas y la esencia de estas coincidieran directamente” (El capital, tomo III, cap. 48); esto es el fetichismo (¿esto es filosofía o es ciencia?).  Este conocimiento obviamente no sirve para mandar un cohete a la luna, pero sirve para entender que la organización social capitalista NO es la única posible y que se debe luchar por cambiarla por otra más adecuada a la sociedad humana.

Estoy de acuerdo contigo cuando afirmas que “en el caso de la economía real (no un modelo matemático), pienso que es dificilísimo extrapolar. Cómo vas a tener en cuenta todas las influencias «exteriores», por estilo de psicológicas, especulativas, políticas e inclusive físicas.  Sobre todo, que en los casos reales ni siquiera se saben todos los datos, dado que el capitalismo usa del secreto como una de sus prácticas más indispensables”.  Solo que lo que tú llamas “la economía real”, Marx y sus amigos llamamos la apariencia de la realidad económica.  Personalmente no me intereso mucho por esa “realidad”, además a la mayor parte de la población del planeta esa realidad, si la toca es solo indirectamente.   El grupo marxista de la Universidad estatal de Massachusetts publicó recientemente un libro titulado “Economics for the 99 percent”, donde argumenta que la economía que se enseña en las universidades solo tiene que ver con el uno por ciento de la gente.  En el largo plazo, el efecto es el mismo –por encima de las variaciones de la complejidad concreta–; hoy veinte personas tienen una riqueza equivalente a lo que posee la mitad más pobre de la humanidad y, con absoluta seguridad, en pocas décadas serán solo diez.  Jeff Bezos llegó el año pasado a los 100 mil millones de dólares, el mes pasado ya tenía 140 mil, ahora ya son 145 mil, es una cantidad suficiente para financiar mi Universidad por más de 3000 años.  A eso conduce, necesariamente, la competencia “libre” condicionada por los poderosos.

Mi preocupación está en otro lugar.  Trabajo para mostrar que los trabajadores producen la riqueza (las mercancías), no importa la parte del cuerpo que utilicen en ello: bien sean las manos o el cerebro, la vista o el lenguaje y que la mayor parte de esa riqueza se la seguirán apropiando los capitalistas, mientras este sistema exista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *